La pascua empezó en Durango, 8
personas con una mochila a la espalda, uno llegaba tarde, otro sin paraguas,
menudo panorama. Llegamos a la parada de Termibus y empezamos a ver más gente
tan cargada como nosotros, todos montando en otro autobús que nos llevaría al
colegio donde pasaríamos los próximos 3 días. Nos juntamos 94 chavales, cada
uno de su grupo y con otros tantos monitores, empezaron los abrazos a los
amigos que hacía tiempo que no veías y las presentaciones de los nuevos
compañeros, y para romper el hielo unos juegos y canciones de presentación.
Fuimos a cenar y nos dijeron en que proyecto estaba cada uno y nos dieron los
turnos de fregar, poner la mesa, limpiar baños… Y así llego la primera noche,
por supuesto en esterillas y en el suelo, 94 chavales emocionados durmiendo en
una misma “habitación”, estaba claro que dormir iba a ser imposible.
Tras pasar la noche cada uno como
pudo nos tocó madrugar, ¿quién nos manda levantarnos a las 8 de la mañana
estando de vacaciones? Y encima nada más despertarse a subir escaleras para
llegar a la capilla, allí todas las mañanas nos explicaban que parte del
proyecto íbamos a tratar ese día, y el primero fue “Quiero verte COMPARTIR” nos
invitaban a reflexionar sobre el tema y fuimos a desayunar. Cola Cao, galletas,
zumo, mantequilla, mermelada… y llenos de energía fuimos cada uno camino a su
proyecto, unos a casas de acogida con niños, otros a residencias de ancianos,
otros pocos a comedores sociales, un par de grupos con gente sin techo y unos
últimos con ex presidiarios, todos estábamos nerviosos y emocionados a la vez,
no sabíamos que nos esperaba a cada uno o como íbamos a reaccionar a cada una
de las realidades con las que nos íbamos a topar de frente.
Hora de comer, puré y pescado,
hay que reconocer que la comida dejaba un poco que desear pero con el hambre
que había no quedaba nada en el plato, sin tener casi tiempo para descansar
llego la hora de las actividades en grupo en las que hicimos un par de dinámicas
en las que podíamos ver como había sido nuestra experiencia y como nos habíamos
sentido. A la noche celebramos una eucaristía en la que recordábamos La Ultima
Cena y el lavatorio de pies, pudimos comprender el significado de servir
y comprobamos que eso era lo que nosotros habíamos hecho durante la mañana con
los que lo necesitaban más que nosotros. Para la hora de dormir el cansancio
empezaba a pasar factura, pero ni siquiera así se consiguió el silencio
necesario.
Las 8 de la mañana, se encienden las
luces, algunos a la ducha otros sin querer salir del saco, unos pocos salían
escopeteados hacia el baño para no tener que hacer cola y tras prepararnos a la
capilla, ya era viernes santo y tocaba “Quiero verte CONFIAR” este era el tema
en torno al cual debíamos pensar durante el día. Era el segundo día en cada uno
de los voluntariados y estábamos deseosos de llegar para poder estar con la
gente y hacer algo productivo, bueno algunos con más ganas que otros. Tan
pronto como comimos comenzamos a preparar el Vía Crucis nos repartimos
en unos 8 grupos y cada uno nos encargábamos de una etapa que tuvo que pasar
Jesús antes de llegar al monte donde lo crucificaron. Todos los grupos
presentaron su etapa de una forma dinámica o fácil de seguir y entretenida,
gracias a esto todos pudimos conocer mejor la situación por la que tuvo que
pasar Jesús antes de su muerte. Una vez acabado esto nos pusimos camino al
comedor para cenar, siendo viernes santo no se podía comer carne y la cena no
iba a ser para menos, como bien sabemos este es el único día en el que no se
celebra una eucaristía ya que como cristianos celebramos la muerte de cristo en
la cruz, y eso fue lo que hicimos, los monitores llenaron el suelo de una
habitación con pequeñas velas que rodeaban una cruz. Nos sentamos en silencio
con música de fondo a pensar en toda esa gente que no lo está pasando tan bien
como nosotros, en Jesús y tuvimos la oportunidad de compartir nuestros
pensamientos y cruces internas. Fue muy emotivo, la gente se levantaba y se
acercaba a la cruz a decir en voz alta lo que tenía dentro, la gente lloraba y
compartíamos sentimientos, gestos de amistad se veían por cualquier esquina, y
algunos por primera vez vivieron la pascua de verdad. La gente podía salir de
la habitación en el momento que les pareciera oportuno o quedarse un poco más,
era elección de cada uno. Después de ese cumulo de sentimientos en tan poco
tiempo era tarde y hora de acostarse, pero por raro que parezca la gente seguía
con ánimos de hablar hasta que el cansancio se empezó a notar con los gritos de
los que deseaban dormir.
Y así de repente ya era sábado,
sábado santo, y en la capilla podían verse caras de sueño mientras nos
presentaban la frase del día, “Quiero verte SONREIR” leímos un poema y bajamos
a desayunar. El camino a cada una de las realidades el sábado fue más difícil
puesto que ya era el último día y posiblemente el último en el que pudiéramos
ver a esas personas a las que inevitablemente cogimos cariño. Hubo despedidas
duras en las que te pedían que volvieras y no sabías lo que contestar e incluso
alguna lagrima pasajera. La actividad de esa tarde era hacer una reflexión
sobre la pascua, debía ser personal, miraras donde miraras todos estábamos
concentrados en nuestras hojas escribiendo lo que se nos había pasado por la
cabeza durante esos días, como nos habíamos sentido, todo lo que habíamos
aprendido y toda la gente que conocimos, tanto gente de nuestra edad con la que
compartimos la experiencia y gente a la que habíamos ayudado aunque solo fuera
un par de horitas.
Nos dimos cuenta de que todos
tenemos problemas, que todos tenemos que vivir con nuestras cruces a la espalda
pero que es más fácil sobrellevarlo con ayuda de alguien, también nos dimos
cuenta de que puede que nuestros “problemas” no sean tan graves como parecen y
que hay gente que está en una situación peor que sigue adelante sin rendirse
siempre con una sonrisa en la cara y eso nos dio fuerzas para superarnos a
nosotros mismos y empezar a verlo todo de otra manera.
En mi opinión creo que ésta ha
sido una experiencia increíblemente buena en la que hemos aprendido a valorar
las cosas que nosotros tenemos, a darnos cuenta de lo realmente importante y
hemos tenido la suerte de conocer a gente increíble que son capaces de llenarte
con una abrazo, una sonrisa o una
mirada.
Inurri Eskauteko TREBEAK

mirada.
Inurri Eskauteko TREBEAK

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